Aprender a contar no consiste en aprender una manera correcta de contar.
Afortunadamente.
Sería bastante triste que, después de siglos de historias, todos termináramos moviendo las manos igual, respirando en los mismos sitios y colocando idéntica cara cuando aparece el lobo.
Sí existen herramientas.
Técnica.
Estructura.
Voz.
Cuerpo.
Espacio.
Repertorio.
Escucha.
Y muchas horas de prueba, error y vuelta a empezar.
La formación que desarrollo parte precisamente de ahí: conocer los recursos del oficio para poder utilizarlos con libertad y encontrar una manera propia de estar delante de una historia y delante de quienes la escuchan.
Soy maestro titulado por la Cátedra Iberoamericana Itinerante de Narración Oral Escénica (CIINOE) y llevo vinculado a la narración oral desde 1989, como narrador, formador y estudioso del oficio.
Después de tantos años sigo sin tener demasiado interés en fabricar narradores iguales.
Me interesa bastante más ayudar a que cada uno descubra qué tiene que contar y cómo puede hacerlo sin dejar de ser él.
Iniciación a la Narración Oral Escénica
Hay un momento en la vida de cualquier persona.
Ese en el que piensa:
«Esto de contar cuentos tampoco puede ser tan complicado».
Y decide probar.
El curso de Iniciación a la Narración Oral Escénica está pensado para quienes quieren acercarse al oficio de manera global, tengan o no experiencia previa.
Trabajamos qué ocurre cuando una historia escrita pasa a convertirse en palabra dicha, cómo reconocer y comprender su estructura, qué hacemos con nuestra voz y nuestro cuerpo, cómo construimos un repertorio y de qué manera cambia todo cuando aparece delante de nosotros algo bastante difícil de reproducir durante los ensayos:
el público.
Entre otros aspectos, el trabajo puede abordar la historia y los fundamentos de la narración oral, la estructura del cuento, el paso del texto escrito a la oralidad, la voz y la respiración, el cuerpo y el gesto, el espacio escénico, la construcción del repertorio, el trabajo previo con las historias y la relación entre narrador y público.
No se trata de memorizar una colección de reglas.
Se trata de entender por qué determinadas herramientas funcionan y aprender a decidir cuándo necesitamos utilizarlas.
El curso puede desarrollarse en distintos formatos, desde procesos de varias sesiones hasta versiones intensivas.
No siempre hace falta abordar todo el oficio de una vez.
A veces resulta mucho más interesante coger una sola pregunta y complicarla suficientemente.
¿Cómo pasa un cuento del papel a la boca?
¿Cómo elegimos las historias que terminan formando nuestro repertorio?
¿Qué hacemos con el cuerpo mientras contamos?
¿Cómo se sostiene la atención?
¿Qué ocurre con nuestra voz cuando aparece el público?
¿Hasta dónde podemos preparar una historia sin impedir que siga viva?
Los talleres y masterclass permiten trabajar aspectos concretos de la narración oral con mayor profundidad y desde una perspectiva eminentemente práctica.
Entre las propuestas que pueden desarrollarse se encuentran:
Del texto a la palabra
Cómo desmontar un texto escrito para descubrir la historia que hay debajo y comenzar a construir su versión oral.
El narrador frente al público
Presencia, escucha, atención y relación. Qué cambia en cuanto dejamos de ensayar solos y aparecen otras personas delante.
También pueden plantearse sesiones específicas sobre voz, respiración, cuerpo, espacio, objetos, estructura narrativa, tradición oral, adaptación, memoria o cualquier otro aspecto directamente relacionado con el oficio.
Los contenidos y la duración pueden adaptarse al grupo y al contexto.
Un taller para ocho personas no necesita lo mismo que un curso de veinte horas.
Una biblioteca tampoco plantea las mismas necesidades que una asociación de narradores, un centro educativo o una compañía.
Por eso parte de la formación puede diseñarse a medida.
Podemos partir de un contenido concreto, combinar diferentes áreas o construir un programa completo en función de los participantes, el tiempo disponible y los objetivos.
Las propuestas pueden ir desde una sesión monográfica de pocas horas hasta procesos formativos desarrollados durante varios días o semanas.
Bibliotecas, asociaciones, centros culturales, instituciones educativas, compañías y organizaciones pueden plantear una necesidad concreta y estudiar juntos qué formato tiene sentido.
Porque adaptar una formación no consiste en cambiar el título de la primera diapositiva.